lunes, 16 de febrero de 2009

ANTIGUO

ANTIGUO

¡Gracioso hijo de Pan! En derredor de tu frente coro­nada de florecillas y de bayas tus ojos, bolas preciosas, se mueven. Manchadas de heces pardas, tus mejillas se su­men. Relucen tus colmillos. Tu pecho parece una cítara, circulan tintineos por tus brazos rubios. Tu corazón late en ese vientre donde duerme el doble sexo. Paséate, de noche, moviendo suavemente ese muslo, ese segundo muslo y esa pierna izquierda.

-Rimbaud

1 comentario:

Anónimo dijo...

preciosa entrada...
un placer leerte
un besito
LuNa

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